es toda actitud
y toda actividad
que favorecen
la relación consciente,
la vida refleja,
la comunión abierta,
la subjetividad profunda
y la trascendencia
rumbo a horizontes
cada vez más amplios,
hasta incluir
a la Realidad Suprema.
La espiritualidad
no es pensar a Dios,
sino sentir a Dios
como el eslabón
que enlaza a todos los seres,
interconectándolos
y constituyéndonos
a nosotros mismos
junto con el cosmos.
Dios es percibido
como entusiasmo
que nos toma
y nos otorga la voluntad
de vivir
y de crear constantemente sentido.
Es el Espíritu
vivificando nuestro cuerpo.
BOFF, La tierra está en nuestras manos. Sal Terrae, 2016. Pp. 42-43
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