sábado, 20 de agosto de 2016

TÚ, QUE HIERES

Arrebatadamente te persigo.
Arrebatadamente, desgarrando
mi soledad mortal, te voy llamando
a golpes de silencio. Ven, te digo

como un muerto furioso. Ven. Conmigo
has de morir. Contigo estoy creando
mi eternidad. (De qué. De quién.) De cuando
arrebatadamente esté contigo.

Y sigo, muerto, en pie. Pero te llamo
a golpes de agonía. Ven. No quieres.
Y sigo, muerto, en pie. Pero te amo

a besos de ansiedad y de agonía.
No quieres. Tú, que vives. Tú, que hieres
arrebatadamente el ansia mía.

BLAS DE OTERO. De Todos mis sonetos.







sábado, 13 de agosto de 2016

HOMBRE

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!



BLAS DE OTERO, De Todos mis sonetos.



sábado, 6 de agosto de 2016

CUERPO DE DIOS ARDIDO EN LLAMA OSCURA

CUERPO DE DIOS ARDIDO EN LLAMA OSCURA
por los espacios solos se derrama,
y yo también, oh Dios, oscura llama
soy, en el árbol de tu sombra pura.

Árbol de Dios, oh sí, arboladura
hundida al fondo donde el hombre ama;
y, desde allí, mortal, eterna, clama,
reclama, sueña eternidad y altura.

Mira, Señor, si puedes comprendernos,
esta angustia de ser y de sabernos
a un tiempo sombra, soledad y fuego.

Mira, Señor, qué solos. Qué mortales.
Mira que, dentro, desde ahora, luego,
somos, no somos — soledad — iguales.

BLAS DE OTERO. De Todos mis sonetos.




sábado, 30 de julio de 2016

ESTOS SONETOS

Estos sonetos son los que yo entrego
plumas de luz al aire en desvarío;
cárceles de mi sueño; ardiente río
donde la angustia de ser hombre anego.

Lenguas de Dios, preguntas son de fuego
que nadie supo responder. Vacío
silencio. Yerto mar. Soneto mío,
que así acompañas a mi palpar de ciego.

Manos de Dios hundidas en mi muerte.
Carne son donde el alma se hace llanto.
Verte un momento, oh Dios, después no verte.

Llambria y cantil de soledad. Quebranto
del ansia, ciega luz. Quiero tenerte,
y no sé dónde estás. Por eso canto.

BLAS DE OTERO. De todos mis sonetos.












lunes, 25 de julio de 2016

NUNCA PODRÁS, DOLOR, ACORRALARME

Nunca podrás, dolor, acorralarme.
Podrás alzar mis ojos hacia el llanto,
secar mi lengua, amordazar mi canto,
sajar mi corazón y desguazarme.

Podrás entre tus rejas encerrarme,
destruir los castillos que levanto,
ungir todas mis horas con tu espanto.
Pero nunca podrás acobardarme.

Puedo amar en el potro de tortura.
Puedo reír cosido por tus lanzas.
Puedo ver en la oscura noche oscura.

Llego, dolor, a donde tú no alcanzas.
Yo decido mi sangre y su espesura.
Yo soy el dueño de mis esperanzas.

JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO, De El testamento del pájaro solitario.





domingo, 24 de julio de 2016

MÚSICA.LLANTO.PARAÍSO.

«No puedo diferenciar las lágrimas de la música» (Nietzsche).

Quien no comprende esto instantáneamente,
no ha vivido nunca en la intimidad de la música.

Toda verdadera música procede del llanto,
puesto que ha nacido de la nostalgia del paraíso.

CIORAN





sábado, 23 de julio de 2016

VIVO Y MORTAL

Sé que hay estrellas, luminosos mares
de fuego, inhabitados paraísos,
cadenas de planetas, cielos lisos,
montañas que se yerguen como altares.

Sé que el mundo , la Tierra que yo piso,
tiene vida, la misma que me hace.
Pero sé que se muere si se nace,
y se nace, ¿por qué?, ¿por quién que quiso?

Nadie quiso nacer. Ni nadie quiere
morir. ¿Por qué matar lo que prefiere
vivir? ¿Por qué nacer lo que se ignora?

Solo está el hombre. El mundo, inmenso, gira.
Sobre su gozne virginal, suspira
lo que, vivo y mortal, el hombre llora.

BLAS DE OTERO, De Todos mis sonetos. Turner, Pág. 17



lunes, 18 de julio de 2016

ANGUSTIA


La angustia nos domina como un dueño
que aceptas sin querer. Si te rebelas,
amenaza con el látigo de las lágrimas.

Profunda, delicada, sensitiva,
por médanos sin júbilos se extiende
o disecados ríos de alegría.

Concitemos valor y descendamos
al foso donde muera o se desangre
esa angustia que ronda las pisadas.

Liberados de la pena, resurrectos,
de maldiciones libres, sólo vivos,
subamos a la almena que ilumina.



CONCHA ZARDOYA. De No llega a ser ceniza lo que arde.


domingo, 17 de julio de 2016

sábado, 16 de julio de 2016

LA TIERRA

De tierra y mar, de fuego y sombra pura.
esta rosa redonda, reclinada
en el espacio, rosa volteada
por las manos de Dios, ¡cómo procura

sostenernos en pie y en hermosura
de cielo abierto, oh inmortalizada
luz de la muerte hiriendo nuestra nada!
La Tierra: girasol; poma madura.

Pero viene un mal viento, un golpe frío
de las manos de Dios, y nos derriba.
Y el hombre, que era un árbol, ya es un río.

Un río echado, sin rumor, vacío,
mientras la Tierra sigue a la deriva,
oh Capitán, mi Capitán, Dios mío!

BLAS DE OTERO. De Todos mis sonetos, Turner, Pág.16



lunes, 11 de julio de 2016

ESPERA SIEMPRE

La muerte espera siempre, entre los años,
como un árbol secreto que ensombrece,
de pronto, la blancura de un sendero
y vamos caminando y nos sorprende.

Entonces, en la orilla de su sombra,
un temblor misterioso nos detiene:
miramos a lo alto y nuestros ojos
brillan, como la luna, extrañamente.

Y, como la luna, entramos en la noche
sin saber dónde vamos, y la muerte
va creciendo en nosotros, sin remedio,
como un dulce terror de fría nieve.

La carne se deshace en la tristeza
de la tierra sin luz que la sostiene.
Solo quedan los ojos que preguntan
en la noche total y nunca mueren.


JOSÉ LUIS HIDALGO. De Los muertos.






domingo, 10 de julio de 2016

DIOS.ABANDONO

Solo Dios
tiene el privilegio
de abandonarnos.

Los hombres
únicamente
pueden dejarnos.



CIORAN 


sábado, 9 de julio de 2016

CÁNTICO

Es a la inmensa mayoría, fronda
de turbias frentes y sufrientes pechos,
a los que luchan contra Dios, deshechos
de un solo golpe en su tiniebla honda.

A ti, y a ti, tapia redonda
de un sol con sed, famélicos barbechos,
a todos, oh sí, a todos van, derechos,
estos poemas hechos carne en ronda.

Oídlos cual al mar. Muerden la mano
de quien la pasa por su sirviente lomo.
Restalla al margen su bramar cercano

y se derrumban como un mar de plomo.
¡Ay, ese ángel fieramente humano
corre a salvarnos, y no sabe cómo!

BLAS DE OTERO, En Todos mis sonetos, Turner, 1977. Pág. 15







lunes, 4 de julio de 2016

MUJER CON ALCUZA

A Leopoldo Panero

¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?

Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.

Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro,
por una voluntad
de esquivar algo horrible.

Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos del color de la desesperanza.

Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y sacudía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan extrañas flores encendidas.

Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.

Pero el horrible tren ha ido parando
en tantas estaciones diferentes,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
ni los sitios,
ni las épocas.

Ella
recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgara de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables margaritas, blancas cual su alegría infantil en la fiesta del pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir.
Pero las lúgubres estaciones se alejaban,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas,
gritando y retorciéndose,
solo
para ver alejarse en la infinita llanura
eso, una solitaria estación,
un lugar
señalado en las tres dimensiones del gran espacio cósmico
por una cruz
bajo las estrellas.

Y por fin se ha dormido,
sí, ha dormitado en la sombra,
arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
por gritos ahogados y empañadas risas,
como de gentes que hablaran a través de mantas bien espesas,
sólo rasgadas de improviso
por lloros de niños que se despiertan mojados a la media noche,
o por cortantes chillidos de mozas a las que en los túneles les pellizcan las nalgas,
...aún mareada por el humo del tabaco.

Y ha viajado noches y días,
sí, muchos días,
y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
siempre con una ansia turbia, de bajar ella también, de quedarse ella también,
ay,
para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
para siempre dormitar de nuevo en trayectos inacabables.

...No ha sabido cómo.
Su sueño era cada vez más profundo,
iban cesando,
casi habían cesado por fin los ruidos a su alrededor:
sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla un instante en las sombras,
algún cuchillo como un limón agrio que pone amarilla un momento la noche.
Y luego nada.
Solo la velocidad,
solo el traqueteo de maderas y hierro
del tren,
solo el ruido del tren.

Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.

...Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas,
que aún hace que esa mujer
avance y avance por la acera,
desgastando la suela de sus viejos zapatones,
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro,
entre caballones de tierra,
de dos metros de longitud,
con ese tamaño preciso
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como el atributo de una semidiosa, su alcuza),
abriendo con amor el aire, abriéndolo con delicadeza exquisita,
como si caminara surcando un trigal en granazón,
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o un bosque de cruces, o una nebulosa de cruces,
de cercanas cruces,
de cruces lejanas.

Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,
se inclina,
va curvada como un signo de interrogación,
con la espina dorsal arqueada
sobre el suelo.
¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo de madera,
como si se asomara por la ventanilla
de un tren,
al ver alejarse la estación anónima
en que se debía haber quedado?
¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro
sus recuerdos de tierra en putrefacción,
y se le tensan tirantes cables invisibles
desde sus tumbas diseminadas?
¿O es que como esos almendros
que en el verano estuvieron cargados de demasiada fruta,
conserva aún en el invierno el tierno vicio,
guarda aún el dulce álabe
de la cargazón y de la compañía,
en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan los pájaros?

DÁMASO ALONSO. De Hijos de la ira.








sábado, 2 de julio de 2016

AMIGA DE LA LUZ

Para alumbrar el agua que yo siento
latir en mis entrañas redivivas,
y poderlas soltar, hacerlas vivas,
como corzo de Dios, manos del viento,

tiene que reposar mi pensamiento,
limpiarse de hojarascas sensitivas,
y entonces, sí, las aguas hoy cautivas
brotarán hacia el mar como un lamento.

Lamento que me dé la voz del todo,
y todo, a su llamada se recoja.
No esta voz muerta, espumear de lodo,

sino aquella final, timbrada y firme,
amiga de la luz y de la hoja
en el viento de Dios en que he de irme…

BLAS DE OTERO. De Todos mis sonetos. Pág. 14



viernes, 1 de julio de 2016

IDENTIDAD

Después de algunas noches,
debería uno cambiar de nombre,
porque ya no se es el mismo.

CIORAN 












sábado, 18 de junio de 2016

viernes, 17 de junio de 2016

ESPIRITUALIDAD

… la espiritualidad
es toda actitud
y toda actividad
que favorecen
la relación consciente,
la vida refleja,
la comunión abierta,
la subjetividad profunda
y la trascendencia
rumbo a horizontes
cada vez más amplios,
hasta incluir
a la Realidad Suprema.

La espiritualidad
no es pensar a Dios,
sino sentir a Dios
como el eslabón
que enlaza a todos los seres,
interconectándolos
y constituyéndonos
a nosotros mismos
junto con el cosmos.

Dios es percibido
como entusiasmo
que nos toma
y nos otorga la voluntad
de vivir
y de crear constantemente sentido.

Es el Espíritu
vivificando nuestro cuerpo.

BOFF, La tierra está en nuestras manos. Sal Terrae, 2016. Pp. 42-43




















00014

MATEMÁTICA/ORACIÓN

Lo que es la matemática
para el científico,
es la oración
para el religioso.

LEONARDO BOFF, La tierra está en nuestras manos. Sal Terrae, 2016. Pág. 56






















00013

jueves, 16 de junio de 2016

TIEMPOS DE CAMBIO Y TIEMPOS DE DIOS

Los tiempos de cambio
son los tiempos de Dios.

LEONARDO BOFF. En La tierra está en nuestras manos. 
















00012





EL SER HUMANO Y LOS TRES INFINITOS

En el ser humano se cruzan los tres infinitos:
lo infinitamente pequeño,
lo infinitamente grande,
lo infinitamente complejo.
Siendo todo esto,
nos sentimos
incompletos
y todavía naciendo.
Estamos siempre
en la prehistoria
de nosotros mismos.

LEONARDO BOFF, La tierra está en nuestras manos. Sal Terrae, 2016. Pág. 39


















00011

PRECIO DE LA VERDAD. Versos finales.

.
.
.

Es necesario haberse entendido con la malhechora verdad
que nos asalta en plena noche y nos devela de pronto y nos roba
hasta el último céntimo. Haber mendigado después largos días
por los barrios más bajos de uno mismo, sin esperanza de recuperar lo perdido,
y al fin, desposeídos, haber continuado el camino sincero y entrado en la noche
absoluta con valor todavía.

CARLOS BOUSOÑO, Oda a la ceniza

























00010

miércoles, 15 de junio de 2016

CONOCERSE Y CREATIVIDAD

El creador
que llega a ser transparente
para sí mismo,
ya no crea:
conocerse
es
ahogar
sus dones
y su demonio.

CIORAN.


















00009

SENTIDO-ABSURDO

¿El sentido prevalece sobre el absurdo?






















00008

INSOMNIO


Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo
en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros,
o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán,
ladrando como un perro enfurecido,
fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?



DÁMASO ALONSO. De Hijos de la ira














00007

lunes, 13 de junio de 2016

LLEGA LA NOCHE


Señor: si Tú me dejas me moriré contigo
pisando largamente la tierra en que te aguardo.
Me iré entre los jirones de esta divina herida
por la que, a borbotones, nos vamos desangrando.

Nada, nada me queda. Apenas sobre el cuerpo
tengo un poco de vida, si es que el vivir es algo,
y mis ojos se abren a tu celeste brillo
donde, como en un agua, te siento reflejado.

¡Qué rojo estás Dios mío! Dentro de mí te siento
como una savia ardiente, como un inmenso pájaro;
como si atardeciere por Ti voy hacia todo,
me pierdo en esa sangre celeste de tu ocaso.

Morir, morir… Acércate. La noche nos apresa
con su espesa dulzura tendida sobre el campo.
Señor: nos hemos muerto sobre la tierra negra.

Señor: ya eternamente nos hemos acabado.


JOSÉ LUIS HIDALGO. De Los muertos.















00006

HAY UN PORVENIR

Que tu corazón permanezca en la adoración del Señor todo el día,
porque hay un porvenir,
y tu esperanza no fracasará.
(Prov 23,15-19)


Cuando rezamos y parece que nada pasa,
¿será que no somos escuchados?

No.

En una apacible confianza en Dios,
toda oración encuentra respuestas,
quizás de modo diferente a como lo habíamos supuesto...

¿no nos responde Dios con miras a un amor más grande?

De Taizé readings





















00005

domingo, 12 de junio de 2016

OMISIÓN

No sé si me pasa como a Gramsci, que decía:
"odio a los indiferentes".

Bueno, odio, odio lo que se dice odio, no.

Pero me molesta bastante.

Sobre todo los indiferentes a
la mentira,
la hipocresía,
el daño evitable,
la injusticia,
la mezquidad
 y realidades así.

O sea, los de omisión
casi constante
frente a la inhumanidad
cotidiana
cercana o lejana.

Creo que ha desaparecido
la palabra omisión
de nuestro vocabulario normal
en la vida cotidiana.













00004

A VECES VIENE LA TRISTEZA


A veces viene
desde la tierra misma la tristeza,
viene desde el amor,
desde la ausencia del amor,
desde la piedra o el vegetal al hombre.

A veces está ahí, oscura o despedida
por un pecho inocente.

A veces viene la tristeza de un lugar o del aire,
de la amistad caída o de un nombre vacío,
del sueño o de la infancia,
de una palabra que no pronunciamos,
de lo que creímos y ya no creemos,
de la esperanza y la desesperanza,
de la dura corteza del amor.

A veces viene la tristeza.

A veces hay en la tristeza odio,
ausencia y odio,
ceniza y rostros olvidados,
viejas fotografías y silencio
y una larga desposesión.

A veces viene, irrumpe
como un don invertido,
como un don que se da y no se recibe,
como lo nunca dado a la esperanza
o lo que, en fin, se acepta y da, pero no puede
vivir.

A veces viene.
                          Viene o está.
A veces hay en la tristeza odio
y arrepentimiento y amor.


JOSÉ ÁNGEL VALENTE.  De La memoria y los signos

















00003

ME PARECÍA AHORA...


Me parecía ahora como si quedase en suspenso el amor.
Y no era eso. Tan sólo tú no volverías nunca.

JOSÉ ÁNGEL VALENTE. En  No amanece el cantor

















00002

MASTINES DE DIOS

Ladrones de eternidad,
embudos del éter,
mastines de Dios,
nefelibatas.

Menos mal que uno es culto
y puede enumerarlos.

CORTÁZAR. En Rayuela















00001