latir en mis entrañas redivivas,
y poderlas soltar, hacerlas vivas,
como corzo de Dios, manos del viento,
tiene que reposar mi pensamiento,
limpiarse de hojarascas sensitivas,
y entonces, sí, las aguas hoy cautivas
brotarán hacia el mar como un lamento.
Lamento que me dé la voz del todo,
y todo, a su llamada se recoja.
No esta voz muerta, espumear de lodo,
sino aquella final, timbrada y firme,
amiga de la luz y de la hoja
en el viento de Dios en que he de irme…
BLAS DE OTERO. De Todos mis sonetos. Pág. 14

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